Arias
de Zarzuela Barroca - CD Reviews (2004)
|
| Magnética
Maria Bayo. Bruno Serrou (Scherzo, 7/VI/2003) |
| Palais
Garnier: Così fan tutte. Jaume Estapà
i Argemí (4/VI/2003) |
| Salzbourg
à l'Opéra de Paris ou quand la musique de Mozart se
met elle-même en scène... Juliette
Buch (Forumopera.com, VI/2003) |
| Arias
de Zarzuela Barroca S. XVIII. Agustín Achúcarro
(Ópera Actual, 25/IV/2003) |
| Airs
de Zarzuelas du XVIIIème siècle. Juliette
Buch (Forumopera.com, 23/IV/2003) |
| Haendel:
Giulio Cesare, 3 de Noviembre. Francisco
García-Rosado (Ópera Actual, XI/2002) |
| En
clave poética y pictórica. J.A. Vela
del Campo (El País, 30/IX/2002) |
| La
belleza extrema de riesgo. Teobaldos (Diario de
Noticias (Navarra), 22/VIII/2002) |
| Maria
Bayo triunfa descifrando el interior de Rossini.
Carlos Gómez Amat (El Mundo, 19/VIII/2002) |
| Nuevo
gran triunfo de Maria Bayo en la ópera de San Francisco
(22/VI/2002) |
| Desde
el corazón de las tinieblas. J.A. Vela del
Campo (El País, 12/I/2002) |
| Maria
Bayo Triunfa en el Teatro Real. Víctor Pliego
de Andrés (Mundoclasico.com, I/2002) |
| Maria
Bayo o la suprema ley del canto. Agustín
Achúcarro (Mundoclasico.com, 27/V/2001) |
| Manon.
El orden francés. Carlos Gomez Amat (El Mundo,
30/X/2000) |
| Una
gran noche de ópera. J.A. Vela del Campo
(El País, III/2000) |
| |
Arias
de Zarzuela Barroca - CD Reviews
James Jolly, Gramophone – Editor’s Choice
"María
Bayo proves a wonderful advocate of this music."
Andrew
Lamb, Gramophone
"…here
she applies her beautifully clear, warm and intelligent coloratura
to contemporaneous music from her own country. …The fresh,
crisp and invigorating playing of Les Talens Lyriques under Christophe
Rousset contributes to a wonderfully enterprising, impeccable performed,
and althogether magical statement of the delights of Baroque zarzuela."
Anna
Picard, The Independent on Sunday
"Divine
singing from Bayo, remarkable playing from Rousset’s flutes
and strings. A head-shakingly gorgeous recording of the sort that
should place Nebra’s name alongside Gluck."
Richard
Wigmore, BBC Music Magazine
"In
tender, touching performance, María Bayo veils her naturally
bright, vernal timbre here. …The accompaniments from Les Talens
Lyriques are typically spirited and colourful, and the recording
is clear and naturally balanced."
Early
Music Review
"…if
the purposes of such music was to entertain and delight, then these
performances show that it must have succeeded."
^
|
| Magnética
Maria Bayo
Bruno
Serrou
Scherzo, 7/VI/2003
París:
Palais Garnier, 7/VI/2003
Mozart: Così fan Tutte
Estrenada
el 2 de marzo de 1996 en este mismo escenario del Palais Garnier,
la producción de Ezio Toffolutti de Così fan tutte
ha podido verse por tercera vez en siete años en la Ópera
de Paris. El público de la primera escena lírica francesa
ha tenido así la oportunidad de contemplar, en este mes de
junio, las tres óperas nacidas de la colaboración
Mozart/Da Ponte, puesto que, además del Così,
se representaban en la Bastilla Le nozze di Figaro y Don
Giovanni. Este espectáculo que en 1996 reabrió
el Palais Garnier tras dieciocho meses de trabajos de restauración
y modernización, ha conquistado al público por la
escenografía de Ezio Toffolutti, pintor-arquitecto que sumerge
al espectador en una Venecia bellamente estilizada aunque un tanto
gris. Si la producción se revela más acertada en cada
una de sus reposiciones -gracias al trabajo realizado por Christoph
Lehnert, el regreso de este Così aún es más
teatral de lo que era en origen-, el reparto se ha renovado por
completo una vez más, reuniendo un grupo de cantantes que
tienen la edad aproximada de sus papeles respectivos. Como ya es
habitual con Hugues Gall, la Òpera de París ganó
la apuesta de la reposición con un plantel de intérpretes
de primer plano, en general superiores a los del reparto inicial.
Así, la joven cantante greco-alemana Anja Harteros realiza
una Fiordiligi noble y altiva que culmina en sus dos arias, particularmente
en "Come scoglio" a la que restituye sin esfuerzo aparente
sus fenomenales piriotecnias vocales, mientras que la mezo albanesa
Enkelejda Shkosa es una Dorabella impulsiva y generosa. Frente a
las dos hermanas, Roberto Saccà (Ferrando) y Russell Braun
(Guglielmo) son dos prometidos tan espontáneos como entusiastas,
vocalmente seguros y seductores. El escéptico Don Alfonso
está magistralmente encarnado por el barítono turinés
Alessandro Corbelli, tan sólido vocal como psicológicamente.
Pero, last but not least, es la vivaracha
Maria Bayo quien se lleva la palma de este vigoroso espectáculo.
Con su voz ligera y fluida y su timbre resplandeciente, la cantante
navarra se mostró en la cumbre de su arte consiguiendo una
Despina absolutamente magnética. Y todo magnificado
por la dirección polícroma y plena de sensualidad
de Armin Jordan, que sabe destacar como nadie las jugosas sonoridades
de una orquesta que responde a la menor de sus demandas, logrando
una sonoridad genuinamente mozartiana.
^ |
| Palais
Garnier: Così fan tutte
Jaume
Estapà i Argemí
4/VI/2003
En
su rol de Despina impuso María Bayo su estilo su estampa
y su voz, y fue justicia el que recibiera el mejor aplauso del público,
a pesar de ser, por respeto del protocolo, la primera fémina
en saludar. Y pues su presencia en escena dio el ritmo a la singular
historia, ¿a qué cuento vendría el analizar
en palabras pobres un trabajo que rozó la perfección?
Alessandro Corbelli - Don Alfonso – se mantuvo firme en su
desagradable (y bien divertido) papel, marcando con gran maestría
los infinitos recovecos de la torcida mente de su personaje, en
plena posesión de sus medios, gracias a un consumado arte
vocal y su ya bien conocida presencia escénica. Interesante
pareció la voz de Roberto Saccà - Ferrando –
templada, de rico timbre masculino, matizada y bien educada. Otro
tanto se podría decir de la de Russell Braun - Guglielmo
-, aunque su emisión, entre nasal y gutural, afeara su trabajo.
Enkelejda Shkosa – Dorabella –, simpática y directa,
actuó conforme a los cánones, pero ignoró el
“legato” durante toda la obra, perdió timbre
en los agudos y dio a su emisión, firme y segura, una tonalidad
metálica desagradable. Más compleja fue noche para
Anja Harteros – Fiordiligi – que si bien empezó
de mala manera - imprecisiones en ataques, notas sordas, colores
distintos según la altura de la nota, … – mejoró
tras el entreacto su cantar hasta conseguir un nivel mozartiano
más que aceptable en sus intervenciones postreras. Aparte
de algún que otro matiz de carácter jocoso, discreto
y pertinente, y de bastantes manoseos por parte de las dos parejas
– ellos en particular – fue la puesta de Ezio Toffolutti
– y su decorado, y su vestuario – de tan clásica
revolucionaria, vistas las puestas de hoy en día: un verdadero
regalo para los adeptos a la tradición. Se pudo finalmente
reprochar a Armin Jordan su falta de ritmo, alguna que otra imposición
de “tempo” desde la escena – Enkelejda Shkosa
impuso su voluntad claramente en dos ocasiones – y sobre todo
el exceso de volumen y de expresión que exigió a los
cantantes todos, de modo que, por momentos, Mozart parecía
Mascagni.
^ |
| Salzbourg
à l'Opéra de Paris
ou quand la musique de Mozart se met elle-même en scène...
Juliette Buch
Forumopera.com, VI/2003
Cosi Fan Tutte
ossia La Scuola Degli Amanti (1790)
Opéra National de Paris - Palais Garnier
Représentation du 4 juin 2003
Les opéras de Mozart ont toujours exigé l'excellence
en ce qui concerne la direction musicale, et Cosi peut-être
plus encore que tout autre, en raison de l'extrême complexité
de son écriture: ensembles, duos, trios, arie d'une grande
difficulté - quasiment des airs de concert - travail raffiné
de l'orchestre (en particulier des vents et des bois).
La quatrième reprise de cette production datant de 1996 avait
de quoi séduire pour au moins deux raisons: la présence
au pupitre d'un chef mozartien de haut niveau, Armin Jordan, qui
nous avait offert une Clémence de Titus et une Flûte
Enchantée admirables, et la présence dans le
rôle de Despina de la délicieuse Maria Bayo.
Certes, le reste de la distribution ne comportait pas de "grands
noms", on avait cependant applaudi à Garnier Alessandro
Corbelli en Dandini de Cenerentola, et, à Bastille,
Roberto Sacca en Almaviva du Barbier et Anja Harteros en
Micaela.
Certes, on avait vu et revu cette jolie production, très
classique, très esthétique, où Naples avait
pris le bateau pour Venise et où l'action se déroulait
dans des tonalités délicates et raffinées,
dignes de Tiepolo, de Canaletto, un peu mâtinées de
Fragonard et de Nattier, sublimement éclairées par
un des plus grands "maîtres en lumière" du
moment: André Diot. Les précédentes distributions
nous avaient plus ou moins comblés, les directions musicales
de même, et l'on s'était parfois un peu ennuyés
à contempler ce ravissant spectacle un peu languissant voire
fade...
Oui, mais voilà, la musique, comme la vie, dont elle est
le corollaire direct, est parfois faite d'une étrange alchimie:
ce qui n'avait guère "pris" lors des représentations
précédentes se met soudain en place comme par enchantement:
dès les premières mesures de l'ouverture, le miracle
s'accomplit. L'enchanteur Armin Jordan nous avait, une fois de plus,
capturés dans ses filets, en nous donnant à entendre
Così comme rarement cela avait été
possible, et cela depuis fort longtemps. Les ombres bienveillantes
de Karl Böhm et de Jean-Pierre Ponnelle devaient planer ce
soir-là sur le Palais Garnier, tant tous les protagonistes
semblaient investis de ce charme inimitable qui n'appartient qu'au
respect absolu de l'oeuvre. "Tout est dans la musique",
disait Berganza, qui fut Dorabella, Chérubin, Sesto, comme
bien peu pourront l'être après elle.
[...]
Le reste de cette distribution, constituée de musiciens accomplis,
se révéla fort homogène, avec
une mention spéciale pour la Despina surprenante, très
"second degré" et superbement chantante de Maria
Bayo et le don Alfonso noir et machiavélique d'Alessandro
Corbelli. Cette Despina-là, réservée,
noble, distante, directe héritière de la Susanne des
Noces, qui regarde avec un certain dédain "quelle buffone"
s'agiter, s'évanouir et s'éventer, et ce don
Alfonso un tantinet méprisant qui se rejouit du malheur des
quatre amoureux égarés, ne sont-ils pas les obscurs
instruments du destin, les précepteurs pervers de cette rude
"école des amants" que souhaitait le divin Mozart?
Des deux "innamorati", c'est Roberto Saccà qui
se distingue en Ferrando, le Guglielmo de Russell Braun paraissant
moins à l'aise, plus en retrait. Aidé il est vrai
par la direction à la fois impérieuse et attentive
d'Armin Jordan, Saccà donna en particulier un superbe "Tradito,
schernito", qui nous fit regretter de ne pas l'avoir entendu
dans le redoutable "Ah lo veggio quest'anima bella", coupé
comme c'est souvent le cas.
Enfin, la Dorabella accorte, charmante et évaporée
de la mezzo albanaise Enkelejda Shkosa, au beau timbre sombre et
chaud, pulpeux à souhait, constitua un parfait duo avec la
Fiordiligi racée d'Anja Harteros, promenant sa haute et mince
silhouette avec une grâce et un ennui aristocratiques du plus
bel effet.
En conclusion, les plus grandes soirées ne se trouvent pas
forcément où on croit les attendre, et il suffit parfois
d'un chef inspiré dirigeant des chanteurs amoureux de la
musique pour que le miracle s'accomplisse et que Paris devienne
soudain Salzbourg à sa grande époque...
^ |
| Arias
de Zarzuela Barroca S. XVIII
Agustín
Achúcarro
Ópera Actual, 25/IV/2003
Arias de Zarzuela
Barroca S.XVIII
Maria Bayo, soprano
Les Talens Lyriques (Dir. Christophe Rousset)
Centro de Artes Escénicas de Salamanca
A veces las
cosas complicadas resultan ser extremadamente sencillas. Y ésta
pareció ser la máxima que emplearon en este concicerto
de Arias de zarzuela del siglo XVIII, tanto María Bayo como
Les Talens Lyriques. La soprano mostró
una naturalidad pasmosa, llena de resursos, y sustentó su
canto en una emisión redonda, homogénea, capaz de
abordar con el mismo acierto los pasajes más virtuosísticos
como aquellos que exigían medias voces y un legato extenso.
Bayo se recreó en la coloratura en
“Más fácil será al viento”, en
la relación con las flautas en “¡Ay! Amor”,
ambas arias de José de Nebra, y abundó en la expresión
delicada en el aria “Amor sólo tu encanto”, de
La Briseida, de Rodríguez de Hita; perfecta en la
forma de abordar los leves picados. El concierto resultó
un contínuo derroche de musicalidad que concluyó con
una versión llena de intención de la Seguidilla
de Violante, de Martín y Soler y sendas obras fuera
de programa, de Nebra y Rodríguez de Hita. Christophe Rousset
empleó en la dirección el mismo credo que la cantante,
con versiones siempre frescas, cuidadas en la afinación y
con un fraseo flexible tanto en las arias como en las oberturas
y en la Tercera Sinfonía, op. 37, de Luigi Boccherini.
^ |
| Airs
de Zarzuelas du XVIIIème siècle.
Juliette Buch
Forumopera.com, 23/IV/2003
Airs de Zarzuelas
du XVIIIème siècle
Maria Bayo, soprano
Les Talens Lyriques, Dir. Christophe Rousset
Paris, Théâtre des Champs Elysées,
Cycle "Grandes Voix"
23 avril 2003
[...]
On peut se prendre à rêver d'un grand concert qui aurait
réuni, le temps d'un soir, tous ces génies, tel celui
décrit par Alejo Carpentier dans son roman "Concert
Baroque", et l'on peut remercier Maria Bayo, Christophe Rousset
et tous ses musiciens, de nous avoir permis un songe aussi fabuleux.
La première, pour sa ligne de chant
impeccable, la noblesse de son style, son expression sensible et
raffinée, sans pathos excessif. C'est toujours un plaisir
d'entendre et de voir cette délicieuse artiste, élève
de Berganza, qui semble avoir hérité de son charme,
de son élégance et de sa musicalité, tout en
apportant à son art une touche qui n'appartient qu'à
elle. Maria Bayo excelle aussi bien dans la déploration
que dans la malice, sa voix paraît avoir encore gagné
en rondeur, et à entendre son exquise Clementina, on se réjouit
de sa future Despina à Garnier en juin prochain.
Les seconds pour leur belle sonorité, qui bonifie avec le
temps, ce qui était déjà perceptible dans Alcina
à la Cité de la Musique L'excellence des cordes et
des vents fut particulièrement mise en valeur dans la Symphonie
numéro trois de Boccherini, où l'orchestre, au
grand complet, fut très brillant.
L'enthousiasme du public fut tel que les artistes offrirent trois
bis: un autre air d'Horacio dans Amor aumenta el valor, "Adios
prendra de mi amor", brillantissime; l'air de Trompas "Llegar
ninguno intente", très virtuose, et enfin, de Briseida,
" Dey dad que las venganzas", proche du lamento où,
encore une fois, Maria Bayo fit preuve d'un
art consommé de la déclamation, du phrasé,
de la vocalise, du trille, pour le plus grand bonheur d'un
auditoire où l'on entendait, par ailleurs, beaucoup parler
espagnol.
Mais que ceux qui ont manqué ce passionnant concert se rassurent:
un disque sera enregistré en mai prochain chez Naïve,
pour une sortie prévue à l'automne.
^ |
| Haendel:
Giulio Cesare, 3 de Noviembre
Francisco García-Rosado
Ópera Actual
De gran triunfo
puede considerarse el estreno en el Teatro Real de la ópera
de Haendel Giulio Cesare. En muy contadas ocasiones se
tiene la oportunidad de contar con un cuarteto de cantantes femeninas
de la categoria de Maria Bayo, Jennifer Larmore, Catherine Wynn-Rogers
y Laura Polverelli, quienes son tambien las responsables de que
se abriera la partitura para escuchar arias que normalmente son
suprimidas. Cuatro horas de espectáculo que pasaron en un
suspiro, con una respuesta de público sorprendente por concentración
y, al fin, decidiéndose a aplaudir tras cada aria. Luca Ronconi,
con una concepción barroca contemporánea, se centró
en la idea de barroco más que en el estilo, con lo que respetando
el contexto, permite una mejor comprensión de la misma. Efectivamente,
uno de los valores de esta producción es la claridad en la
narración, que se ve apoyada por un espacio bastante diáfano
con un atrezzo imprescindible y dos pantallas que vienen a comentar
las situaciones que se van sucediendo. Por estas imágenes
y el bellísimo vestuario, especialmente el de Cleopatra,
original déco restaurado, la propuesta quedó contextualizada
en los años veinte del pasado siglo. La mano magistral de
Ronconi dirigió con cierta dosis de ironía y singular
sentido del humor, muy cercano a la estética del comic culto
pero desenfadado, tipo Asterix y sus romanos. El mayor éxito
se lo llevó Maria Bayo, quien compuso
una Cleopatra, no ya impecable sino en estado de gracia. Bellísimo
timbre, amplio registro, e importante volumen, además de
flexibilidad y expresión adecuada a cada aria, se aunaron
a una vis teatral realmente sorprendente, tanto en lo cómico
como en lo dramático. Un verdadero regalo para los
espectadores. (...) Rinaldo Alessandrini y la Orquesta del Teatro
Real pusieron de manifiesto su alta categoría. Para nada
se echó de menos una formación barroca especializada:
el sonido fué diáfano y matizadísimo. Espléndidas
las intervenciones de la trompa y el laud."
^ |
En
clave poética y pictórica
J.A. Vela del Campo
El País, 30/IX/2002
Recklinghausen
(Alemania)
La Trienal
del Ruhr ha elegido para presentarse en sociedad en el terreno operístico
nada menos que Don Giovanni, de Mozart. Un centenar de
periodistas asistió a la cita y también un buen puñado
de espectadores españoles. Mortier ha invitado para la dirección
escénica al equipo con el que debutó hace 10 años
en el Festival de Salzburgo. Klaus Michael Grüber y Eduardo
Arroyo presentaron entonces Desde la casa de los muertos,
de Janacek. Ahora se han enfrentado por primera vez a una ópera
de Mozart. La escenografía de Arroyo contempla los temas
españoles en lugar preferente, aunque no de una forma realista
o folclórica, sinó poética. Las rejas, el farol,
los ladrillos, la aldaba, los azulejos, el hierro forjado o las
inconfundibles tapias están expresados desde la mirada de
un artista plástico, con unas leyes de composición
siempre pictóricas, e incluso algún toque pop. La
escena del cementerio, con sus calaveras y sus cruces en diagonal,
se convierte en el momento central de la noche, seguramente porque
Arroyo es entonces más Arroyo que nunca, justamente lo que
de él se espera. Grüber cuenta las aventuras de Don
Giovanni con eficacia narrativa, sentido del claroscuro y una
atención continua sobre los personajes y sus conflictos.
El enfoque sereno de Grüber se ve correspondido por una lectura
musical de transparencia meridiana de la Mahler Chamber Orchestra,
con una dirección de Hans Zender que induce a la reflexión.
Un reparto vocal joven lleva con buen aire la representación.
Destaca Maria Bayo, con una composición
impecable del personaje de Doña Ana. Llena de furia y ardor
al comienzo y asumiendo después el luto de la muerte de su
padre, su aria Non mi dir fue dramáticamente extraordinaria
y con una resolución de los ornamentos de pasmosa naturalidad.
Ella y todos los cantantes cuidaron con mimo los diálogos
hablados y los recitativos.
^ |
La
belleza extrema de riesgo
Teobaldos
Diario de Noticias (Navarra), 22/VIII/2002
Quincena Musical
Donostiarra
Maria Bayo, soprano
Concerto Italiano (dir. Rinaldo Alessandrini)
Kursaal, 17 de Agosto 2002
Lleno. Lo
primero que se percibe en el recital de la soprano navarra es el
riesgo asumido en la compleja maquinaria de precisión que
es la música de Rossini. Una semicorchea -como ruedecilla
mínima- fuera de su sitio; y todo se desmorona. Por el contrario,
cuando se aprecia que todas las agilidades van desarrollando las
prodigiosas progresiones rossinianas con la precisión y la
naturalidad de lo evidente, de lo fácil, surge la emoción
del riesgo superado a favor de la belleza que raramente se escucha
en otros conciertos, en otras cantantes que, indudablemente, arriesgan
menos. Pero además de la técnica,
de la matemática que hace cuadrar los múltiples adornos
en espacios mínimos de compás; esta musicalidad, el
adelgazamiento del volumen hasta pianos increíbles; y los
agudos brillantes, redondos, lejos del grito, y tan fáciles
que uno nunca diría que suben al do, incluso al re. Y, también,
la teatralidad. Aún en el recital, toda la picardía
de los personajes de Rossini se resume en la expresión, en
la dicción, en los cortes, en los acentos, el susurro insinuante,
en la contundencia de los brillantísimos finales de las arias.
Sí. Y el lirismo de los fragmentos de tensión romántica,
surge de una interiorización y de un fraseo de sostén
poderoso, donde sorprenden los graves que ha adquirido la soprano.
La elección de las obras de Rossini es la del disco grabado
por los mismos protagonistas para el sello Naive-Astrée,
sin trampa, porque el directo en Maria Bayo, es de igual perfección
que la grabación, y de infinita más emoción,
claro. Las dos arias de El Barbero de Sevilla, fueron de
especial fulgor e impacto en el público; pero, la verdad
es que todo el recital -incluidas las dos propinas de Mozart-, revelaron
la inmensa categoría de la soprano. Todo con el fondo del
novedoso colorido de la orquesta de instrumentos originales que
dirige Rinaldo Alessandrini. El maestro italiano aporta un tempo
muy ágil a sus versiones, a veces, incluso apurando al viento
metal, al que hace pasar algún apuro. Pero el brillo y el
timbre son originales; se acercan a nuestros órganos barrocos.
Alessandrini incide en los acentos, con metálicas presencias
agridulces; suavidad en viento-madera y contrastes más rotundos.
Pero a la vez el arropamiento a la solista tiene una pátina
de antigüedad amortiguadora de excesos voluminosos. Como ha
señalado la propia soprano, "no es ni mejor ni peor
que la orquesta convencional; es distinto". Maria Bayo se encontró
muy a gusto en el espacio Kursaal, donde cantaba por primera vez.
Pudo matizar lo que quiso porque la acústica llegaba hasta
la última fila y retornaba sin problemas. Se emocionó,
además, con la ovación de gala que el público
le otorgó al salir al escenario. Un concierto memorable.
^ |
Maria
Bayo triunfa descifrando el interior de Rossini
Carlos Gómez Amat
El Mundo, 19/VIII/2002
Quincena Musical
Donostiarra
Maria Bayo, soprano
Concerto Italiano (dir. Rinaldo Alessandrini)
Kursaal, 17 de Agosto 2002.
La calidad
es una tradición en la veteranísima Quincena Musical
Donostiarra. Una calidad que mantienen con entusiasmo y acierto
José Antonio Echenique y los suyos. Calidad que ha venido
a certificar, con el timbre de su voz y una
técnica asombrosa, nuestra gentil Maria Bayo, en un Rossini
tan espectacular como musical. Hay quien ha confundido la
peculiar y personal música de Rossini con los fuegos artificiales.
Aquí los hay, por las fiestas, y muy bonitos -dijo una vez
el gran Regino Sáinz de la Mata junto a La Concha-, pero
los fuegos artificiales se resuelven en cenizas. Maria
Bayo sabe bien que, bajo el brillo de los ornamentos que ataca con
perfecta agilidad, pervive una música de hermosa melodía,
salida del corazón. Si Rossini decidió retirarse
de los escenarios a los 37 años fue porque vio que su mundo
se derrumbaba frente al empuje de otros vientos, no porque él
no siguiera creyendo en su bondad y en su belleza, como se comprueba
en páginas posteriores no teatrales. Maria
Bayo, en la buena acústica del Kursaal recorrió varias
obras rossinianas, de diversas épocas, con una ligereza aérea
y sin esfuerzo aparente. Ha recuperado la endiablada aria
de Rosina del Barbero, posterior al estreno. El público
respondió con sonoros bravos y ovaciones interminables. Maria,
en las propinas, sobre todo en la última, dejó claro
que su autoridad en los estilos no se refiere a una sola parcela
de la Historia. Después de la verdad de Rossini, nos reveló
otras muchas verdades.
^ |
Nuevo
gran triunfo de Maria Bayo en la ópera de San Francisco
22/VI/2002
La siempre
severa crítica americana ha sido unánime al proclamar
a Maria Bayo como la personalidad que "brilló con verdadera
luz propia" en la producción de Carmen, la
obra maestra de Bizet, en la reposición de un montaje ya
algo "añejo" del siempre recordado Jean Pierre
Ponelle, programada por San Francisco Opera House durante la presente
temporada 2002. Maria Bayo, que encarnaba a Micaela, un rol que
ha dominado y paseado por los más grandes teatros del mundo,
acaparó desde el primer momento la atención del público
y la crítica gracias a su gran calidad vocal e interpretativa.
La prensa americana destaca en sus diferentes rotativos la elogiosa
actuación de la soprano.
Así, el "San Francisco Chronicle" afirma: "El
acierto de la velada ha sido la soprano Maria
Bayo, que al igual que en su debut en 1999 con La Bohème,
volvió a triunfar, gracias a una actuación emocionante,
llena de brillo y potencia vocal. Su
personificación de este rol está en las antípodas
de la modesta y tonta muchachita. Su actuación se beneficia
de una voz ricamente timbrada, y una expresión muy matizada.
Pero fue en el acto 3º, tras prometer desafiar a Carmen por el amor
de Don José, cuando crece con un fulgor inusitado, hasta
dar la sensación que la partida esta vez la ganaría
ella y no la gitana rival.(…)"
Igualmente, tanto el "Oakland Tribune" como "Mercury
News" destacan: "(…) aunque la producción
no poseyó toda la pasión y credibilidad que se esperaba,
tuvo en la Micaela de Maria Bayo el mayor acierto, gracias a la
brillante y plateada voz de la soprano. (…) una
delicia vocal, gracias a un sonido angelical, con brillantes y dulces
agudos, voz y actuación que se adecúan a la perfección
para personificar la inocencia y dulzura de Micaela."
^ |
Desde
el corazón de las tinieblas
J.A. Vela del Campo
El País, 12/I/2002
El poeta granadino
Pedro Soto de Rojas, amigo y admirador de Góngora, es el
autor de un sugerente libro con un no menos sugerente título:
Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos.
Viene a cuento a propósito de la música que compuso
Debussy para su drama lírico Pelléas et Mélisande.
La pregunta es inmediata: ¿Es un paraíso cerrado o
un jardín abierto? Por lo visto y escuchado en el Real el
pasado sábado, la respuesta no admite dudas. El jardín
se impone al paraíso. Lo que habría que matizar es
si este jardín es para pocos o para muchos. Pero, en fin,
eso es otra historia. La buena nueva es que el Real ha dado el máximo
de sí mismo otra vez con una ópera del siglo XX erizada
de dificultades. Ha alcanzado su velocidad de crucero, qué
paradoja, cuando no están para celebrarlo Juan Cambreleng
y García Navarro, los programadores de este colosal espectáculo.
Así es la vida.
La representación fue espléndida, en primer lugar,
por la adecuación del reparto vocal a sus personajes, y en
particular por un trío protagonista (Keenlyside, Bayo, Lafont)
que se recreó en la excelencia. Keenlyside ha bebido en las
fuentes monteverdianas y eso se nota en su virtuosismo declamatorio.
Su timbre es cálido y bello, su tesitura de barítono
lírico ideal para Pelléas. Dice, frasea, con elegancia.
Y teatralmente hace evolucionar a su personaje con agudeza y precisión.
Maria Bayo hace de Mélisande una de
sus grandes creaciones operísticas. Su timbre es luminoso,
la dicción es clara. Domina sobradamente la fonética,
la prosodia francesa, la emisión de las vocales cerradas.
Es un tipo de canto que exige mucha sutileza y Bayo la posee. Teatralmente
está sublime. Su Mélisande se mueve entre el ensimismamiento,
la ambigüedad y el misterio, pero no es un personaje etéreo
y mucho menos místico. Sufre. Y ello repercute en la dimensión
humana. Es emocionante su "No tengo valor, no tengo valor",
al final del cuarto acto después del asesinato de Pelléas,
y escalofriante toda la escena de su muerte. Pero por encima del
canto y de la teatralidad está su condición de artista,
de gran artista. Lafont completa este trío prodigioso.
Tiene credibilidad en todo lo que hace, instinto dramático
y sobre todo esa inconfundible y sabia línea de canto francesa
en la construcción de las frases, en su intencionada acentuación.
Posee una técnica primorosa, pero no se nota. Está
al servicio del dibujo de su complejo personaje. Trío, pues,
de lujo, eficazmente complementado por un sobrio Arkel de Selig,
una serena Geneviève de Svendén y un inquietante Yniold
de Masino.
Armin Jordan sacó un sorprendente rendimiento de la Sinfónica
de Madrid. La orquesta salió más que airosa en el
desarrollo de una música que se está haciendo y deshaciendo
continuamente, pero por encima de todo se mostró muy incisiva
en la creación de atmósferas poéticas y en
la definición dramática. Con todo ello se erigió
en un elemento fundamental de la representación, facilitando
la comprensión de todos los problemas que se están
cruzando continuamente en escena: la dialéctica entre la
verdad y la mentira, la lucha entre la oscuridad y la luz, los conflictos
existenciales de los personajes.
La producción escénica venía de Ginebra. Caurier,
Leiser y la realizadora Auphan se centran en la evolución
teatral de los personajes y en el equilibrio entre la carga onírica
de Mélisande frente a las convenciones de un universo burgués
impreciso temporalmente al comienzo y más bien cercano a
la época en que se compuso la obra en la resolución
final. La austera iluminación potencia las claves simbolistas
de la historia y hace milagros en los mecanismos de fascinación
ambiental. La luz, en efecto, describe. Y los diferentes elementos
escenográficos dan pistas: el agua, la barca, el caballo
blanco, los sillones. Nada imposibilita una lectura abierta. Es
una concepción inteligente y persuasiva, muy diferente a
la abstracción poética de Wilson, al dramatismo kafkiano
de Wernicke, al despojamiento de Brook, al hiperrealismo de Marthaler,
a la intelectualización de Strosser o al, en cierta medida,
didactismo de Stein, pero es igualmente válida e intuitiva
en la exploración de un mundo teatral y musical inagotable.
Veintidós años después de la última
actuación operística en escena de Victoria de los
Ángeles como Mélisande en La Zarzuela, y 12 años
después de una versión de concierto en el Monumental,
ambas dirigidas por Ros Marbá, volvió esta obra mágica
a Madrid. Con éxito. El jardín está abierto.
No pierdan la oportunidad de sumergirse en este riquísimo
y envolvente universo artístico. Pueden pasar muchos años
antes de una nueva oportunidad. Asistieron al estreno, entre otros,
Teresa Berganza, Antoni Ros Marbá, Pilar del Castillo y Carlos
Castilla del Pino.
^ |
Maria
Bayo Triunfa en el Teatro Real
Víctor Pliego de Andrés
Mundoclasico.com, I/2002
Pelléas
et Mélisande, Drame lyrique en cinco actos y trece cuadros.
Música de Claude Debussy, basado en el drama homónimo
de Maurice Maeterlinck.
María Bayo (Mélisande), Simon Keenlyside (Pelléas),
Jean-Philippe Lafont (Golaud), Franz-Josef Selig (Arkel)
Coro y Orquesta Sinfónica de Madrid, Director musical: Armin
Jordan
Directores de escena: Patrice Caurier y Moshe Leiser.
Producción del Grand Théâtre de Ginebra.
Teatro Real de Madrid, enero de 2002
Para celebrar
el centenario de su estreno, el Teatro Real de Madrid ha ofrecido
durante el pasado mes de enero Pelléas y Mélisande,
la única ópera compuesta por el genial Claude Debussy
sobre la obra teatral homónima de Maurice Maeterlinck. Esta
singular ópera fue estrenada en medio de un sonado escándalo
en la Ópera Cómica de París el 30 de abril
de 1902. Ahora hemos podido ver en Madrid una nueva producción
creada por el Grand Théâtre de Ginebra. María
Bayo ha encabezado un reparto de primera categoría, secundada
por unos espléndidos Simon Keenlyside, Jean-Philippe Lafont
y Franz-Josef Selig. Todos los intérpretes han brillado por
sus dotes privilegiadas y por su depurada
técnica, haciendo uso de una dicción de una inusual
claridad, todo ello puesto al servicio de la música y del
drama. Además de ser cantantes poderosos, mostraron
ser unos excelentes actores, lo cual no es frecuente en este género
que confía en la imaginación del público y
en el poder de sugestión del teatro. María
Bayo realiza además un esfuerzo físico en su interpretación
dramática del personaje y hace gala de una envidiable agilidad.
Trepa, se moja, nada y se entrega en cuerpo y alma. Con este trabajo
afirma la solidez de una admirable carrera artística.
La Orquesta Sinfónica de Madrid, dirigida por un enérgico
Armin Jordan, se esforzó en ofrecer una aseada versión
de la intensa partitura orquestal, sacrificando matices, color y
profundidad en favor de las líneas sonoras. El resultado
fue apreciable, sobre todo en los hermosos interludios orquestales.
La propuesta escénica fue provocativa. El legendario reino
de Allemonde se presentó como una caja negra, concebida por
Patrice Caurier y Moshe Leiser, que sustituye las tablas por una
inmensa piscina cubierta con plataformas móviles. La idea
llamó la atención pero resultó pobre (y probablemente
costosa) frente al escaso provecho que se hizo del líquido
elemento, poco visible además. El minimalismo y estatismo
de la solución escénica estaban lejos del modernismo
que inspiró en su época este espectáculo. Una
vez, más la dirección escénica vulnera la idea
original de la obra sin enriquecerla, aunque el resultado no deje
mostrar en esta ocasión finura y elegancia. Conserva algo
del misterio evocador que inspiró a Debussy, pero no lo desarrolla.
La programación en el Teatro Real de está obra moderna,
singular, contradictoria y extraordinaria ha sido una prueba irrefutable
de que la ópera no es siempre un género convencional
y decimonónico. En todo caso, estamos ante un gran monumento
de la historia de la ópera que bien merece este homenaje
con ocasión de su centenario. Ha pasado el tiempo, pero esta
obra maestra no ha envejecido, sino que aún es una fuente
de esperanza para el futuro, siempre polémico, de la ópera.
^ |
| Maria
Bayo o la suprema ley del canto
Agustín Achúcarro
Mundoclasico.com, 27/V/2001
Había
expectación en Valladolid por escuchar a la soprano Maria
Bayo, alimentada por los ecos de sus innumerables éxitos,
algo lejanos como los de Salzburgo o más próximos
como su Manon del Real. Faltaron, eso sí, reflejos
en la clase política para trasladar el recital de la sala
prevista al Teatro Calderón. La soprano
llegó al concierto en un estado de forma increíble,
con un centro de voz por días más ancho y rico y unos
agudos que permanecen intactos en su brillo. Luego está la
sensibilidad, la inteligencia, para hacer música, para abordar
los diferentes estilos. Comenzó con obras de Pasquini,
Stradella, Busati o Cavalli. Llegó después Mozart,
punto de inflexión, en el que relució
el fraseo lleno de intención, la transparencia de los picados,
en una voz que sonó plena en todo su registro. Ridete
la calma, Un moto di giogia, Voi avete un cor fedele, obras
ofrecidas en toda su profunda melodía, sin caer en ningún
atisbo de cursilería o empalagamiento. Cerró la primera
parte con dos canciones de Montsalvatge, luminosas, íntimas,
como esa Canción de cuna para un negrito que rebosó
sensibilidad. Segunda parte dedicada a Ravel y Granados. En las
Canciones Griegas del compositor francés, la
soprano demostró la versatilidad de su voz, capaz de dar
a una palabra múltiples significados, de cantar en
toda su vitalidad y frescura canciones como Tripatos. En
las Canciones Amatorias de Granados, pasó del canto
íntimo al dramatismo contenido o al lucimiento de todo el
poderío de la voz. Junto a ella un Brian Zeger espléndido
durante todo el recital. Fue protagonista y al mismo tiempo supo
doblegarse a los requerimientos de la voz, para mostrar aun más
nítidamente sus cualidades. El éxito estaba asegurado
y el público reaccionó volcado con la soprano en interminables
aplausos. Y llegó el turno de las obras fuera de programa
con una inenarrable Una voce poco fa de El Barbero
de Sevilla rossiniano, De donde venís amores,
La tarántula e un bicho mu malo de La Tempranica,
la Canción del ruiseñor de Doña
Francisquita y una no concluida propina final, anécdota
que provocó aún si cabe más aplausos.
^ |
Manon.
El orden francés
Carlos Gomez Amat
El Mundo, 30/X/2000
La triunfadora
de la noche fue, sin duda, Maria Bayo, que se llevó las ovaciones
ruidosas. Su frágil figura contrasta con una voz
potente, que llena el escenario, de claro timbre y fuerza en los
agudos. Maria está deliciosa en los momentos íntimos,
pero convence también en la escena de agilidad y ligereza,
todavía «belcantista», que según Massenet,
se corresponde con la ligereza de cascos. El tenor William Joyner,
da una buena respuesta y canta con verdadero gusto sus fragmentos
más felices. Bien Manuel Lanza, y fieles al estilo Briand,
Carlos López y los demás.
^ |
Una
gran noche de ópera
J.A. Vela del Campo
El País, III/2000
No fue un
espejismo la solvencia artística mostrada en El caballero
de la rosa, como tampoco fue una casualidad el festín
vocal de Los puritanos. El teatro Maestranza redondea con
Los cuentos de Hoffmann su temporada de ópera más
feliz desde los tiempos de la Expo. Los pinchazos, que también
los hay, son ocasionales. Lo que se ha instalado junto al Guadalquivir
es un clima de regularidad, de homogeneidad, de madurez lírica.
La complicada ópera de Offenbach ha venido a rubricar una
tendencia al alza.
Tres figuras simbólicas de tres generaciones del canto encabezan
el reparto. Entre la veteranía de Ruggero Raimondi y el impulso
de Aquiles Machado se sitúa la arrebatadora
María Bayo en uno de esos retos ante los que no se achanta
la soprano navarra: cantar los cuatro papeles femeninos de Olympia,
Giulietta, Antonia y Stella. María Bayo es una cantante con
mucho coraje. Del maratón de personajes a los que puso su
energía en Sevilla no solamente salió airosa sino
engrandecida. La ópera de Offenbach salió beneficiada
de la unidad de estos desdoblamientos. Una voz nada más,
ojo, pero cuatro perfiles de mujer muy diferenciados. Bayo
sacó a la luz su flexibilidad y exhibió una portentosa
gama de recursos técnicos, expresivos y dramáticos,
a partir de un timbre transparente y una actitud vital llena de
fuerza. Bordó su actuación combinando empuje con delicadeza,
instinto con control, lirismo con sentido teatral, comunicación
con vena cómica o trágica. Deslumbrante María
Bayo. Su éxito fue colosal.
Lo compartió con un Raimondi cuya presencia escénica
sigue imponiendo. Llena el escenario con su voz rotunda y profundamente
teatral, con su carácter y personalidad. También él
incorporó cuatro personajes, los que representan las fuerzas
del Mal, para entendernos. El éxito alcanzó asimismo
de lleno al joven tenor Aquiles Machado. Su aproximación
a Hoffmann fue desde la sensibilidad, desde el desgarro. Seguro
en los agudos, magnífico de línea y convincente como
actor. Interesante asimismo el Nicklausse de Delphine Haidan y correcto
el resto del reparto.
La grandeza de la noche no se limitó al apartado vocal. Patrick
Fournillier realizó una lectura musical precisa y segura,
contando con la colaboración de una Sinfónica de Sevilla
en forma y un coro en sus mejores horas. Gian Carlo del Monaco potenció
desde la escena los valores espaciales y simbolistas, el clima de
desolación y, sobre todo, la continuidad en las simetrías
o en la utilización del color, las puertas abiertas a una
luz inquietante, o las sillas u objetos que llamaban a la fantasía
desde la cotidianidad. La distribución de los personajes
en el escenario siempre aportó destellos a la comprensión
del drama. Se lucieron los cantantes-actores en su faceta teatral
y se creó una atmósfera de misterio, de coherencia
dentro de la diversidad, con una lograda complementariedad de hallazgos
plásticos e intelectuales.
Fue una noche de ópera extraordinaria, seguramente la más
completa de la temporada y, en cualquier caso, una de las mejores
de la última década en Sevilla. El público
exteriorizó su satisfacción con cálidas aclamaciones.
^ |
|